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20
Abr

El camino no elegido

Es el lugar que siempre recordarás. Redención, crudeza y jardines de la victoria. Ya era hora de acabar con los prejuicios. Todo estaba preparado, como ahora.

La pena es que nunca sabrá como ese milagro del amor del comer… y en la soledad y el justificarlo todo aún siento su perfume embriagador… y casi que la palpo. Ya no habrá más esa compañía de la verdad… En fin, hipersensibilidad actual… Quizás era muy alta para mí; y su jardín prohibido estaba muy poblado.

-Yo sin ti moriré- le dije soportándola.

Me regaló un reloj precioso, de pulsera… y esa música de siempre: -¡Ahhh!

¡Cómo miraba esa teórica de los desastres!

Pero yo la quería sobre el terreno, indecorosa. Más que un beso fue un escaloncito. La subí a la silla y la encadené. Interrumpimos todo. La comí entera, ella tomándome los hombros, y yo haciendo oídos sordos de ese oficio… Al principio creyó que todo iba a ser un simulacro, luego se quedó en eso, infartada en la igualdad como bandera: siempre mirándome extraña.

13
Abr

Sus muslos durante el sexo

Sin necesidad la gente tiende a portarse mal, y en medio está esa mayoría silenciosa que te saquea con el cumplimiento de normas, con indiferencia… con la justicia. Siempre hay una razón para esos extremos.

En general nadie es dañino ni tóxico, pero mejor no presumir de quién te aplaude hasta saber lo esencial de ese/a predador/a social. Ello es la cura del bienestar, el darse solidez; y hay dos cosas que asisten esa individualidad: primero, saber ser ausente; segundo, marginarse al corazón de la locura.

Esas negligencias sociales son el mejor consuelo, es biología y es supervivencia, es existir; se minoran las distancias entre las nubes y la tierra. Esas irritaciones, torturas y reinados son ventajas del cielo, corruptelas y cultos; es naturaleza humana, deseos de carne y hueso, fuerza, control, límites y fallos de la memoria de las personas normales, y sueños que cumplir: un reglamento completamente nuevo por cuanto todo lo que surge es necesario, extraño.

8
Abr

Billete de ida

Un lobo puede comprar el menosprecio y la mejor de las compañías, comprar, porque los aullidos son peticiones de auxilio y temeridades por su parte, así como deseos fugitivos por lo que la naturaleza le hizo, dejándolo a medias de todo, con una genética débil y un porte ostentoso. Como hombres, también sentimos lo que nos decimos, y no nos afecta lo que nos sucede, parece ser. No es por ser más que los lobos, es por ser precisamente menos –humanos-, al tener que vivir con el engaño y la bendición a flor de piel y cielo abierto. La obra Billete de ida viene a significar eso, un tratado sobre la voz de la supervivencia, tal que la llamada salvaje la crea uno mismo.

Y tan escasa e impía que cualquier desafío del destino pudiera acabar con ella. Matar, mentir, sería hacer casi todo, no cambiando la forma de ser por nadie. Es la frontera del lobo y la sociedad: su piedra de toque.

¿Entonces, no es la muerte el escándalo absoluto?, ¿se sobrevive?, ¿se compra la compañía, el menosprecio?, ¿se deja uno en manos de otros?… Templanza y más, para que todo cambie y todo siga igual. Esas tres o cinco tazas de café que pausan los temblores y te ensalzan en los contraespionajes.

6
Abr

Hojas y pelusas

Todo a un precio mínimo, hasta pagar por tus pecados. El mundo no se detiene, ¡total no hubo muchos heridos!… y pronto serán efemérides, ficciones breves, no habrá más preguntas, apaños ni señorías… se perderán. La gente seguirá por sus circuitos urbanos cómo, cuándo y donde quieran. Además, mientras yo sepa quién soy los límites los pongo yo… ¿o no?

Fue la resaca, el peso de la sociedad, la voluntad propia. No dudé un segundo. Fue un hurto al uso, como otras tantas veces. Todo cuanto me llegó a interesar lo cogí, sin forzar mucho. Tampoco sé para qué, pero a ella le gusta. Le pone.

A mí no me van las nuevas tecnologías, soy más de oficinas, como la mayoría. Ellos estaban consumiendo, se estaban poniendo hasta arriba. Les iba bien el día. Sólo tuve que tener un poco de cuidado, ella miraba; parecíamos una familia, sujetaba la linterna y se me caían las babas. Apenas podía hacerme el extraño.

4
Abr

Dinero y mujeres

Hay responsabilidades que son despedidas, que verbalizan malestar y que acallan debates internos, además, generan un espacio de unidad y un caos organizado. Habiendo tantas coaliciones, pocas resuelven conflictos, lo más, radicalidad, extremismos y el empobrecimiento de volver siempre a lo mismo: ambiciones diarias. De esos estrechos márgenes y el termómetro de los sinfines, trata Dinero y mujeres. Un eco firme, un rumor disuelto y un escándalo pleno de egos y desmanes varios que cierran la eternidad. Un cambio de todo, ¿o no?

Decir una cosa y hacer lo contrario, ¿por qué ese mal de todas las economías? Evidentemente, es la vacuna cultural de expandir los horizontes de lo posible, y la mosca cojonera que revolotea de puertas adentro.

Vivir en la exclusión, embargado por uno mismo, equivocándose de adversario inclusive, ¿regenera, cuida, protege? ¿Hasta qué punto se puede estar condicionado? Ese urbanismo que involucra, la edición reducida del ser y estar y de morder lo anónimo es la punta de lanza, el último recurso de los tiempos de la desesperanza… un helado que se toma sin ni enterarte, cucharada a cucharada.

2
Abr

Paraíso, caída, ¿redención?

Hace unos días, un compañero, de los que son buena gente, me comentaba su enhorabuena -Vamos a tener el segundo- decía. Y se sucedieron momentos de trabajo y esos disfrutes personales por su parte.

Al poco, en otro hacer me quiso poner en conocimiento de algo, pero no pudo concretarme el hombre. Los dos estábamos liados y entendimos que ya habría tiempo para confesarse en el buen sentido. Sencillamente trabajamos y vivimos la vida que nos toca vivir.

Ayer, el mismo me informó en petit comité -¿Te acuerdas que te dije que te tenía noticias?- al coinicidir en otra reunión de las nuestras.

-Sí, dime- le pregunté. Figurándome algo malo, con la boca chica le dejé caer -¿le pasa algo a tu padre?

Y con lo grande que es, hasta supo disimular en cierto grado: -Pues que a los siete días de comunicar el embarazo mi mujer a la empresa la despidieron.

Conocedor, en parte, de la empresa en la que lleva ejerciendo su mujer, le apoyé compartiendo la incredulidad e indignación: -A esa empresa lo que había que hacer es cortarle de inmediato las ayudas públicas que recibe- y me paré por no ofuscarnos. De todos modos, ¿habréis reclamado?- añadí.

-Sí, estamos con una abogada laboralista, ya lleva otras tantas reclamaciones de la misma. Y sí, había que hacer algo ejemplar– subrayó.

En eso quedó la cosa, volviéndonos a ocupar de nuestras respectivas tareas; lo que sucede es que a uno se le queda un poso que duele

Uno intenta desconectar y no puede. Están los diversos eventos festivos que gozan siempre de un panorama aceptable por la sociedad, y esas normas (como las de la igualdad) que congenian los/as gobernantas con las conmemoraciones oficiales y los paradójicos presupuestos, dando cuenta al paso de las horas de la ingente estupidez y desvarío de esto que llamamos sociedad del conocimiento a la que nos vemos sometidos… En lo que vendría a ser la indecencia, la inmoralidad, la tradición y el atraso podríamos definir esas prácticas, que por otra parte son admisibles, y conjugan con la incuestionable rentabilidad. Y no es sórdido admitirlo, es hasta respetable que cada cual ambicione su cuota de mercado, su beneficio empresarial y hasta su afán de protagonismo, otra cuestión sería, el por qué tengo que ser yo un hombre malo si denuncio esos hechos ante mis superiores, y además de jugarme el puesto de trabajo tener que ser tachado de ir contra el sistema y no ser corporativista. Incluso te dan a entender los tejemanejes de los juzgados que queda mal pensar el darse  a contratar a alguien para que actúe en plan sicario y haga lo que las buenas políticas no hacen y deberían estar haciendo. No es menos cierto, que encima uno debe luchar contra la desidia y el pesimismo manteniendo equipos de trabajo que no están sustentados en una buena base normativa, con las funcionalidades que requieren los tiempos actuales y los medios precisos, pero también quejarse de eso es ser mal trabajador, conciudadano, vecino o como se quiera entender, porque si lo pones de manifiesto es que no sabes gestionar y no eres un buen adjunto… ¡Cuánta determinación falta en tanta cultura de lo asequible!, nos sobran milongas…

Lo que no sé, es dónde están los sindicatos, los buenos empresarios, así como los colegios profesionales que velan por la deontología, pareciera que tampoco se dedican a gobernar más que lo suyo, y ya llevamos con esto, y otras innumrables cuestiones, desde antes de la antigua Grecia y las muchas Romas en las que pervivimos día sí día también… !Abogados laboralistas dicen!… al final van a tener razón los que se postulan bajo la premisa de que con un billete de quinientos euros se arreglan muchas cosas: crecimiento inclusivo llamaría yo a ese parto de pobreza y productividades varias. ¡Y luego a ver quién se queja! “Usted tiene una empresa, de las que solicitan y reciben ayudas públicas -o sea, de las del dinero de todos y para todos-, y se da a gestionar insolidariamente (por lo que sea); pues cuando menos a no pedir, y los diferentes Estados a no dar”, pero… uno se queda peor que una escultura de animal tapizado cuando sabe lo que sabe…

¿Hay o no motivos para creer en el poder del dinero y los desvaríos?… “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia” (Un Quijote en nada extraño).

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