Grecas y Lunares

¿Qué es?

Un relato a modo de cuento sobre la vida de una niña apodada Grecas y su familia. A veces se lo dice todo ella misma, en otras, los diablillos de sus animalitos, o bien sus padres y allegados, intentan mediar con sus limitaciones y ocurrencias. Quiere devorar la vida como una novata.

Pero como Pinocho, cada vez que puede esa niña se pone ciega en su alfombra, dotada de un prodigioso oído y mando como para hacer hablar a unos entrañables compañeros de juegos. Vista la realidad, ellos se dejan manejar, otros no tanto, en tan delgada línea fina.  

No obstante, casi traicionado el amor, ya todo es nada en la familia, para algunas, si bien, vislumbrar esa pena bajo la extraña duda en absoluto impide ser auténticas a las hermanitas.

¿De quién trata?

Hay una protagonista de excepción: Grecas. Es, en apariencia, esa niña que todo cuanto toca lo congela. Por eso debe llevar guantes. Sí, es su condición humana en esos sistemas de la niñez. Pero mira al infinito junto a sus amigos y compañeros de juegos. Ambiciona.

Finnegan, la tortuga; Guerneville, el gato; y los tres jilgueros llamados Gianluca, Giambattista y Gianfrancesco. Todos ellos sí que se manchan las manos, dado que su justicia es muy distinta, al entender de otros gestos reflexivos, cautivadores y penetrantes igualmente.

Condición, que comparten con la hermana de lo trágico y absurdo, Lunares. Otra peque de ojos cansados, blanco de batalla de algunos familiares, como la tía Isabella, que tiene su secreto.

Además, están los padres: Idara y Gennaro. Una abogada italocubana y un prestigioso inventor. Todos ellos viviendo en Rímini. Por supuesto que hay vecinas, como Lisis, que se fue; debió hacerlo, le era imposible seguir así, en la pobreza de tener dos trabajos y nunca poder jubilarse, dado que las niñas exploran (su mayor trabajo hasta ahora), que es lo que hacen los héroes.

¿Cuándo se desarrolla?

Durante una parte del verano del dos mil dieciocho, hacia finales de agosto. Por el espacio tiempo no hay que pensar demasiado. En eso la visión es muy honesta, dejan entrever cosas que pueden y no pueden hacer las nenas, en función de los aires y los vientos, que condicionan sus dolencias.

Y creen, de manera firme que hay que tener entusiasmo, cada cual con sus formas.

¿Cómo se trabaja?

Se maneja la superación y la resignación. El autor posiciona a la protagonista con cada uno de los actuantes de su entorno, sin desdeñar a nadie y sin relaciones clientelares, sencillamente los enfrenta.

La niña, como tal, prende la mecha en cada situación. Hay un sorteo de un castillo, el juego del rococó en la alfombra, el cansancio de la madre, los engaños del padre para sí y las demás, unas azucenas que no crecen en el jardín de nadie y médicos, además de patatas fritas.

¿Dónde sucede?

En Italia. Se reside en Rímini, alegando a Roma y Nápoles de soslayo, pero sobre todo a Cuba. Una de las grandes empresas de la literatura infantil es unirlo todo, y se puede hablar de la raza y el color de piel sin mencionar expresamente lo individual y solitario de ser uno u otro.

A todos y a nadie les da la sensación de amar su oficio, se adaptan contenidamente. No pocas veces alguna se sobresalta y le salen palos de ciego. Aunque fuera una gota en el océano, duele. De ahí lo genuino de la desconfianza y sospecha, toda una declaración de intenciones.

Las niñas, con sus pecados candorosos no se quedan a mitad de camino, osan. Otra/otros, volubles y arbitrarios, completan ese periplo vital. Con o sin una imagen falsamente favorable.

¿Por qué?

La lógica de los niños no es honesta, imparcial ni respetuosa. Es un contrapunto a los familiares y testigos, sucede simplemente: hacen. Protagonizan, y pudiera haber consecuencias mediocres o dramáticas. Es algo común a todas las lenguas/culturas.

Se pretendía enfrentar las carreras laborales de unos padres con la educación, el orden y el concierto de unas niñas difíciles, primeramente, vinculándolas a ser proactivas dentro de sus limitaciones, como estar repleta de lunares de los más horrendos o el no poder tocar nada de nada salvo para hacer daño al dejarlo helado.

Luego estaban las bitácoras de cada cual, como el convertir a los animalitos en elementos cohesionadores de la trama, para todos: adultos y niños. Y ese abogar por una visión de necesidad, autenticidad y pasión de las mujeres de la familia, invocando sus pasados. Hermandades y comunicaciones que dividen, acaecidas en un hipotético pueblo, muy real. 

¿Para qué?

Concretamente para sentir. Bajo una incipiente aproximación al cuarto de una niña que representa todas las participaciones, desde esos jilgueritos canarios hasta la ardiente oscuridad de su tía que perdió una hija y no tiene a quién leer, o pareciera. Rosas de vientos que se enfrentan. Historias que invitan a reflexionar divertidamente.

Posibilismo, con bromas y autosuficiencias dentro de los instintos de cada cual.  Animales encarcelados, como los esposos, que hacen frente a ese orden tradicional sin parangón. Pero el oráculo lo tiene Lunares, que bien podría haber salido de alguna callejuela. Es, seguramente, la más desigual de todos; percute.

¿Qué formato se aplica?

Se escribe en prosa. Azuzando y gozando del máximo entusiasmo cuando las peques hacen de eso, de niñas mayores. Y siempre se insiste en manejar la propia vida como les parezca.

El juego de la alfombra llamado ´rococó´ se produce cuando una niña necesita de otro mundo para escapar de sus grecas, que son muchas. Alguien que no puede dar dos pasos sin sentir distinto, precisa de ese instrumento de exploración para crecer, y ahí es donde tienen cabida sus animalitos.

Un gato, la tortuga, bien grande, y por supuesto, tres jilgueros, que en nada son seres excéntricos, sino memorias y afectos, también su ombligo del mundo. Protectora, se yergue su hermana, una que también tiene sus significaciones, como muchos lunares a modo de ventosas que la atrapan. No obstante, ella protege a su hermana menor a toda costa.

La alfombra viene a ser una pequeña ciudad amurallada, o más bien el dormitorio de la niña, donde el otoño siempre llega antes de tiempo. Un sitio donde se esgrimen todo tipo de argumentos. No hay celos, ¿o sí? Y ridículos ¿o no? Minutos, siempre, del antes y el después.

El equívoco inicial son los imposibles de las niñas, pero poco a poco gravitan ideas, círculos y poderes que vinculan a esas dos extrañas condenadas a seguir viviendo con el verdor de ser niñas. Movimientos, en apariencia incoherentes, de doradas avispas.

El padre, la madre y una tía son centinelas, contrastan toda esa aridez, siendo igualmente los eslabones. También irán más allá de sí mismos, porque lo interior se reviste con la forma de las ruinas del paso de los días.

Introducción
Giacinta
Gennaro
Idara
Orlena
Isabella
Giovanni, Giambattista, Gianfrancesco (Jilgueros)
GRECAS (la niña protagonista, llamada Giacinta)
GENNARO  (Padre de la niña)
IDARA  (Madre de la niña)
ORLENA (Hermana de la niña)
GUERNEVILLE (Gato)
FINNEGAN (Tortuga)
LISIS (Vecina que se fue)

El juego del rococó; Gato; Jilgueros; Alfombra; Lisis; Tortuga; Niña; Hermanas; Tía; Domingo; Barco; Rímini; Madre; Grecas; Metamorfosis; Lunares; Orlena; Giacinta; Italocunaba; Inventor; Ventosas; Médico; Finnegan; Guerneville; Giovanni; Giambattista; Gianfrancesco; Idara; Isabella; Gennaro…

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