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23
Nov

Eso… eso

Cada noche acude a ese rosal mientras recojo. Coge su infusión, bien calentita, y con una mano en el bolsillo y la otra en el asidero de la taza, se acerca a la plantita. Esos té con leche y yo somos uno, extrañamente.

Cariño sé que nunca serás feliz cocinando para otro– tartamudeó la otra noche, tenía algo de fiebre. No suele ponerse malo ni hablar abstracto en la mesa.

Yo, que lo conozco, terminé de cuadrar su flechazo, obsesión y paranoia. Veinte años lo menos. La tos fue y será la culpa maldita.

Desde entonces sé más de esa particular sensibilidad del más allá cuando me dice que tengo los cabellos morenos siendo rubia… ¡Hermana mía!

19
Nov

Muestrario y reflejos

16
Nov

¡Qué vaya tela!

Érase una vez un abuelo que se hizo la transferencia de un coche de su hijo, recién fallecido, a su nombre, habiendo nieto y esposa-viuda de por medio. La misma, que se enteró a la postre, lejos de hablar lo vio todo muy gigantesco, y estaba en otras penitas también, con un fondo como de oros y sinrazones, engullidos por un monstruo llamado vida por obligación, dispuesta.

Más en esa inmediatez del no hablarse ni quererse, declamatorios o falsos, viendo cerbatanas y demás, despellejándose, se distinguían, pero tenían que criar a un hijo/nieto en una unión de reinos pobres de solemnidad.

Encontrad un punto medio– aconsejé a hechos de supervivencia. Mediocre.

A pesar de ello, los días pasaban y no había oro en paño. Y ese hombre, como vos, mujeres también, como ella, sabían que no podrían quitar las vivencias ni las alusiones.

Pues entonces pasaron los días, poquito a poco… los que no gustaban y los que no interesaban, disonancias, además de los pasionarios y que decir decían. Así se llegó a ese día en el que el crío dejó de caminar por las paredes y quiso equivocarse. Los papeles del paraíso todavía no le habían dolido, no entendía de testamentos, estaba en la adolescencia, viéndolo rodar todo, por los dieciséis de un noviembre sin más liceos.

“La madre de todas las batallas está por llegar”, pensaron para sí los otros, en sus selvas. Después se notó, y mucho, el cambio de percepción. Casi que se recitaba por el pueblo el color de ese afán, era poco menos que un zoo de mitos y falacias, afirmaciones, plomo y verdades a medias. Y ella erre que erre, con el lenguaje obsceno y soez, tirando de abogados e intermediarios; el otro con el don dinero, las heridas, tragedias y conflictos; marionetas todos del deber y la omisión.

Recomendaría concordia, visión de túnel, si pudiera lanzar un mensaje tiempo atrás. Y no, el poderoso caballero le dijo:

-Tu padre te quería, no estaba bien. Fue un día de mucho frío… Ya está, sucedió; era lo que tocaba.

Pero la gente tiene poca paciencia con el dinero, y no sabe contar cuentos, ya no se estila. Los patrones del comportamiento, por los conceptos exprés o lo que sea cambian incluso a los comprometidos. Y por extraño que parezca, hasta el infinito y más allá se podían haber evitado miles de sospechas, anhelos. Pero no, la madre le fue llana, consumió:

-Necesitaba su tiempo, era alguien responsable; tú no te acordarás. Pagaba, estuvo muchos años cotizando. Pero lo que más le gustaba era jugar contigo… y las cosas que pasan, un día se tomó la vida con otra filosofía.

Y todos quisieron tener su momento, con y sin mordiente:

-¡Esto es una puta mierda! ¡No sé ni cómo os reís!, ¡menudo cabrón!

Se vivieron y sintieron muchos amores con mayúsculas:

-No te pongas así, no cómo le vas a dar ánimos a tu hijo, fuiste tú.

Y hasta hubo rampantes realidades aumentadas haciendo tándem:

-Amarguras ninguna, lo robó él.

-Sí- se abrió paso otro -de malvivir a ganarlo todo. Es el estado natural de las cosas.

-Hijo puta- repentizó otro en la espera y desgracia, elogio a los huracanes. Normal.

11
Nov

Como pez en el agua

Son cosas atípicas, de esas que salen a lo largo de los años. Llega noviembre y el Maratón de Nueva York me visita. Sé que la idea es como la Navidad, que llega quieras o no y te toca soplar las velas, con sus juegos de apariencias. Y no hay sindicatos con los que cabrearse o capullos destroza hogares a los que culpar; además, el frío, que lo hace, te congela por entre la ropa. A ellas se les aconseja ponerse vaselina en los senos, las axilas y a nosotros en los bajos, también. El hielo busca por ahí. Créanme, duele.

Aun con esas no le tengo miedo. Da igual. Trato de controlarlo, creía que ya estaba todo atrás, hace un par de meses ni quise involucrarme como espectador… pero nos necesitamos. Camela, tiene la sabiduría de la araña, esa carrera: es un realismo especulativo que te convierte en héroe de sus seguidores. Ya van llegando. Son unos quince años pretendiendo correr esa guerra, y encontrarme culpable por haber ido. Trato de ayudarme y no ir, pero ni la mafia irlandesa, georgiana o albanesa me podrá detener. Algún día iré, siendo uno más, es una profusión rara, como la de boxear siendo consciente. Son momentos en donde uno se prueba. Todos ellos coinciden en llevarme a pensar en ser algo más, pensando lateralmente.

Las políticas, los comités propios de cada trabajo, los cánceres de mierda, las/los que buscan a quienes les den coartada para el resto de los días, y quienes tan auténticos/as que son tan buenos/as que no se dejar ver. ¡Todas, todos!, lo sé, en las teorías del solucionismo, estamos tan cargados de excepciones, vicios, errores imperdonables y perrerías que nos faltan apartados por desgranar. ¡Ni con fármacos se me va esa idea de la cabeza! Tengo que empezar a ahorrar y tomarme más en serio si cabe esas imágenes de la Maratón. Es la posverdad más idiota, lo cínico. Supongo que no se trata únicamente de salir a trotar por las vías verdes o los populachos y las manzanas. No vale correr en plan tradicional. ¡No! He visto la cara de los que están allí, aunque ya van volviendo, y lo que sienten no es lo que siento yo: algo no me ocurrió a mí. Esto tiene toda la pinta de ser algo personal, uno se puede quitar de cosas, para hacer otras, creo. Sí. Tengo que hacer una lista con lo que precise. Y habré de ir dándole las gracias a los que me impulsan: los chicos del barrio que me cruzo y que me dicen con sus lamentos que han bajado la guardia, los de los resentimientos que no donan ninguna consideración, los que se creen tan importantes en el gimnasio que no se les puede ni mirar, y tenemos los proyectiles de los informativos, saben a lo que me refiero, las imágenes que usted/es no les pondría a sus hijos pero que nos las ponen en prime time cada cinco minutos por extrañas u horrendas que sean, ganchos de derechas sin que podamos subir la guardia ni enjugarlas con cintura improvisadamente

No es ir a Las Vegas, no es salir de la ciudad porque sí. Es Boston, Londres, Suiza, Berlín, etc. Es como besar a una chica con un anillo en el bolsillo, supongo… que no es la única arma por muy en serio que uno se lo tome, siempre hay algo más: falsos futuros. ¡No! Nadie es profesional de nada. Y eso exige responder por uno mismo, quizás porque se repite mucho, como el frío. 

 

10
Nov

Proyectos en curso

  • Extraños (Blog):  

En este Blog denominado EXTRAÑOS se vive sin imitaciones, hay encuentros… y si se siguen las pistas se puede obtener mucho más en ese juego de extrañezas:

  • Las lágrimas de tu payaso:

Otra novela donde se dice absolutamente todo. Se trabaja con personajes destartalados e iconos de excelencia, más que nada por buscar la redondez de lo imposible y ese patrón de costura de tener celos hasta del mar. Y no, no son casas de muñecas, son personas de carne y hueso que se contraen, dilatan y dan besos fuertes. Además, como todo icono, cogen la sartén por el mango: quieren que les dé el viento en la cara. Ya se verá si se les puede apagar el paisaje con el interruptor de las tormentas interiores o tenerlos en altares, las hay de arrancadas salvajes y de embestidas de viento divino. (Fase de desarrollo)

  • Anhelo, más allá del mar:

Toma curso la poesía, ciertos días se navega más cómodo por entre la olas que por tierra firme. (Fase de ilustración -pendiente de iniciar-) 

  • La francotiradora de su tía:

Todos querríamos tener a alguien con la buena desdicha del dominio de la escena, y si algún día se pudiera, confrontar todo aquello que no nos explicamos con eso que se dice tan breve, a base de microrrelatos, nanorrelatos, aforismos y algún cuento, secuenciados con las ilustraciones de todos los días. (Fase de ilustración)

  • Deseos Humanos:

Hay deseos que pueden tanto y se tienen tan a flor de piel, que la fotografía ilustrada o no, está ahí, viva… y hay que subrayarla con vocablos y plasmarla con la instantánea de la imagen. Será un resultado a base de relatos animados: otro tipo de hambre, otro ímpetu, otro ser. (Fase de documentación)

  • Otros:

Más muestrarios y reflejos, con obras que esperan su turno, tales como: Los niños del plomo (novela contemporánea); La frágil moral (novela contemporánea); Malas hierbas, buenas plantas (mircrorrelatos y aforismos); La importancia de verse (narrativa para niños); Collar de perlas (poesía); Tinajas (relatos); Finlandia (narrativa huidiza); PEBELTOR goes to Escosia (narrativa de viajes); etc.

Escuchar, para que todo vaya saliendo; vivir, para ir ganando; aceptando sus y mis inquietudes

9
Nov

Piernas arriba

¡Aquí!, ¡miren aquí! Bienvenidos al gran espectáculo. Las sobredosis son la causa principal de las muertes accidentales en las grandes ciudades, pocos lo saben. En parte son homicidios, luego ya no son tan malas noticias de entrada, sino que se asumen -como amigos de todos, amigos de nadie- o eso debemos hacer.

Lo mismo que con el futuro de la medicina. Unos dicen esto, otros aquello, y la aprobación de revolucionarios tratamientos genéticos en la era digital donde todos somos unos novatos se imagina de otro modo muy distinto a lo absoluto, que es como se gestionan. El CEO de una gran farmacéutica afirma que todavía los tratamientos pueden ser más caros. No sé si es uno de nosotros. Descubren especialidades tan esenciales en las mejores compañías que los buenos días son distintos cuando todo es posible. Ven normal que un tratamiento para un niño se cifre en cuatrocientos setenta y cinco mil dólares y casi que hace el saludo al sol disculpándose a sus accionistas por no haber llegado con el precio al millón… Hoy día, como ayer, tener una empresa de esas es especular: sangre de cristal, la vieja guardia. Ellos descubren nuestro ecosistema, el ADN como dicen, y suscriben voz y agua para consumirnos. Nada les sale gratis, pero ellos dejan de hacer, confiados en rentabilidades. Visten de moda esos tratamientos tan magníficos porque aducen que en sus Apocalipsis siempre hay otros más caros, como trasplantes, infieren cuales expertos. Pero el beneficio siempre es privado, y sus proyectos tienen crédito: llegan siempre a tiempo, ¿aún no se han extinguido las especies que pagan?

Yo no sé si dejarme de chorradas y echarle valor o serles de crónicas escoradas. Efectivamente es así: desiertos sonoros, leucemia y tantos otros relatos en cadena. Lo que me da menos confianza es que me digan, que esos hospitales tan privados y tan buenos para la salud (los de los milagros), al final ponen lo mismo que los otros cuando realmente el tema es grave y urgente: que no hay más medicamentos. Las atenciones son otro tema, otros beneficios. Como ciudadano no entiendo el funcionamiento de esa industria, no puedo entenderla ni aun queriendo… La conspiración para elevar los precios es dura. Corrupta en términos absolutos. Los seguros son otro género más, anuncian y venden igualmente. Lo que no sé es cuál es la visibilidad cero. Extraño, necesito lo que necesito.

Luego está lo de la filosofía digital tan innovadora, con la que nos decían los de oficio descubridores que era la solución, que todo tendría descuentos… Sueños y esfuerzos cooperativos dicen. El hijo de un amigo, tras tener el mejor currículum y sus muchas recomendaciones cobrará como becario, y dando gracias, mil euros para investigar en un grupo de esos tan comprometidos con la biotecnología. Sus padres piensan en el ahorro por tenerlo cerca, y colocado, por un año y algo más. No sé si estamos perdiendo nuestro significado. Sólo investigará, pero da que pensar. Nunca nadie es quien parece ser. Ya se decía antes: no hay monasterio que no cultive tabaco.

 

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