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20
Jun

Con la vista alzada

Fue magnífico verle tocar. Era uno de los recuerdos más vividos que guardaba de su infancia. Fue como la primera vez que vi aviones volar. Su madre nunca había llorado delante de él. Sollozó hasta casi quedarse ciega. Ni siquiera se había imaginado que fuese ella; la voz nunca le fue extraña.

La rubita bajita de ojos azules y larga cola de caballo no es que le buscase tres pies al gato. Su madre, de pronto, hizo cosas importantes en el mundo, sí o sí. Ése fue uno de los servicios, los otros, conseguir una buena transformación. Pasaron semanas, y con las fotografías ya en permanente exhibición, empezó a reconocerlo gente extraña; si no era el chaval del escaparate ¿por qué ese exceso de emoción? ¿Por qué sí?, ¿por qué no?

Ni los músicos minimalistas o los de las óperas tan modernas. Toda la gente criticó. De habérsele puesto la piel oscura jamás hubieran llegado al ´ni contigo ni sin ti´. Una con largo cabello y otra con pelo corto se estrecharon mutuamente entre los brazos, dándose estabilidad. Y no en cualquier sitio, sabían dónde se encontraban. ¿Quiénes no eran necesarios? ¿Qué quería decir con eso? Sencillamente, rebatir lo de esas cosas no pasan.

Retirar la denuncia y no enviar a nadie a la cárcel, hasta de los que trabajaban de 8h. a 15h. fichando a la entrada y a la salida, fue otro agravante. Había horarios infinitos. A su madre le entró tal pavor, que le dio tanto miedo de quedarse sin su hijito que estuvo a punto de perder el juicio. Ella se confundía, no por miseria a mansalva. Sabía que su criatura tenía más de cuarenta y uno, pero no ese capitalismo de acumulación. Infinito porque lo llamaba de todo: ¿Estás enfadado contigo mismo, Archie, Rose? Tía Mildred sí que se fue a Berkeley, como si se hubiera visto obligada. No pudieron estar más de acuerdo.

 

13
Jun

Espejito, espejito

Vista así cualquiera diría que tuvo que ser operada de los dos brazos, intubada y sedada para trepanarle el cráneo hará unos cuarenta días. No sólo sus músculos tenían esa extraña memoria.

¡Pero qué cabrón el espejo! Todas las fracturas para él. En eso quedan los sonidos de un escándalo: ni los ratones de Dios. 

6
Jun

Los que somos así, dicen

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho;

los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones;

el enemigo más fuerte, el miedo al más poderoso y a nosotros mismos;

la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira, y el egoísmo;

la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor;

las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos,

y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que esté.

30
May

Siempre he sabido eso de ti

Que no eres de ojos vacíos, de dedos fríos o manos crispadas. Que atraes, por faltas que tengas. Que estás preparada, aunque no das ese pasito adelante. Que las palabras cortas nos acercan, y que tus noches se me hacen días.

Que no siento un enorme y duradero cariño, que estoy aún comportándome. Que no arrecio. Son contradicciones que acato sin ni mirarte a los ojos. Que ni siquiera ha empezado nadaQue ni siquiera me has escuchado, y que en tu cansada melancolía algo quieres.

Las armas no causan las guerras, estoy seguro: serías tú. La del cajón abierto. Algo nuevo, extraordinario, hermoso, simple. La de las travesías mentales a reinos voluptuosos yendo y viniendo. El patio de la cárcel estaba anegado en sangre. Sí pudieras sonreír un poco. Mira que en estos tres días no hago más que defenderte, pero si hubiera un cambio significativo… ¿Dónde pusiste la bomba?, equivocarse tampoco está nada mal: habla conmigo.

Yo también me perdí en los mundos de elocuencia; el sol se me detuvo. No todo es que costees este proceso sirviendo de receptáculo para fecundar otras vidas. La enfermera te pasará una nota, no te pido ni que hables con el juez. Yo intento vivir en el mundo real. Necesariamente tienes que aceptar mis conclusiones. Cuando des a luz te van a freír en la silla eléctrica. Dime ¿dónde está la bomba? De no estar embarazada te estrangularían hasta la inconsciencia. El alma de las cosas inanimadas duele, a mí me lo hicieron. Y no, no soy policía. No soy uno de ellos. Sigo siendo tu marido: en mi triste deber. Recuerda todas nuestras ideas en aquel puente, el de los exiliados. Ahí también he mirado: la niebla baja sigue, te espera en su calma. Y tómate las pastillas cariño, lee algo por favor; haz lo posible para no pensar en ello… yo también los extraño

¿Por qué ha salido todo tan mal?… No vuelvas a rajar a nadie… con todos esos indigentes entrando y saliendo casi a escondidas. Resulta deprimente volver a donde nos conocimos. La mujer negra de ciento cincuenta kilos te protegerá. Palabra. ¡Diablos! ¡Todo el mundo llegará en punto! ¡La capital en ruinas! No dejarás ni flores de plástico. Cuando te propuse la idea no quería que te condenasen, pichoncito. El maricón negro ha de ser el último. Dime dónde y cómo empiezo.

23
May

Ni un largo pétalo de mar

Casi rotas las costillas y el pecho abierto, con los tacones y una mano sobrándole. Amiga obligada, señora de su casa, niñita de tantas plazas. Y hasta el bolso adormecido en plan pez de hielo tenía.

Todo el día llevaba quieta, como si no quisiera estar con sus padres biológicos. Se agarró a esas cuatro leyes: miedo, razones, resentimiento y contención. Horas llevaba sin ver el cielo. Toda ella. Deslumbrante.

Salió de su casa sin más violencia que su extraña convicción y los límites del azar.

Tenía que pensar, lejos de las cenas. Ya le pasó como esposa, solo que por entonces supo disimular sus nervios; a punto estuvo un día de ponerse de rodillas por las cosas más pequeñas. Como hija con mayúsculas tenía sus dudas. Confesarse de eso sería pecado. Cada vez que le daba de comer con la cuchara su falda se movía, si no con los ojos con esas manos tan decididas, como antaño. A ella, el tenedor se lo hubiera clavado, más los rezos hicieron lo suyo y dejaron los pies fríos, en tan sentidas zapatillas, que atronó nada más devolver la silla de ruedas y la bombona de oxígeno. La única con la que compartió su quietud, sus pretextos, crepúsculos y atardeceres. Jamás le escucharon sus padres, ni con lenta gracia. Ella tampoco, en todo caso ni un largo pétalo de mar hubiera mediado en defensas algunas. Siendo niña, cuan cónsul general despeñó al hermano, bien pequeño, su otra pena capital, perpetua. El caso es que al final todo pasa en algún sitio. Otros, creen mucho en el ser humano, consecuencia de sus decisiones: lealtad, amor y emoción, también.

Solo confiaba en que después del día hubiera otro panorama. Se quería.

16
May

El cambio tecnológico ¡no me acostumbro!

Me siguen robando los caramelos. Los cogen de la estantería del despacho. ¿Compro más?, ¿dejo de reponerlos? ¿Pongo una cámara y espío quién es? ¿Me disfrazo?, ¿me pongo extraño?

Ya sucede tanto en invierno como en verano, en todas las estaciones.

Olemos el sexo, la sangre, la envidia, quién ha tocado a nuestro hijo y, ¡no somos capaces de averiguar quién coño nos roba los caramelos de la estantería del despacho! Es más, habría que saltarse algunas normas para saberlo con tanta ley de protección de datos, que hablar de pureza y verdad no siempre es bienvenido. Lo mismo es esa madre, no dejo de mirarla, o su propio hijo, que ya crece: cabrón. ¡Un edificio tiene tantas puertas!

Muchos son los llamados y pocos los elegidos. De ser varios, alguno ya habría cantado por su boca; es alguien a quien no le gustan los cambios tecnológicos. En una bandejita del armario de al lado me dejo siempre la memoria (pendrive) con las grandes verdades. Por años que pasen no me acostumbro a meterlo en la caja fuerte, ni a llevarlo siempre en el bolsillo; todavía me pesa saber lo de Kennedy, la Gioconda, los dinosaurios y el 2025.

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