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18
Oct

Le llaman Judas… ¡qué silencioso!

Hizo su trabajo, pero no gustó a algunos. Concretamente a dos, que, además, creía que eran de los buenos amigos, pero se lo llevaron muy por lo personal, o eso pareciera, dadas sus conductas y su frágil moral. Gran parte de lo que no hizo le concedió el privilegio de ser acreedor del elogio o de la censura.  

Lo que él no quiere es que la intranquilidad le haga perder la perspectiva. No. Él mismo se ha preguntado varias veces si ha sido un hipócrita o no, como acusado que parece, tanto en lo personal como en lo laboral. Mira su propia suerte, y hasta se pregunta ¿cómo pudo ser tan imbécil?, ¿o si se dejó engañar por ese mar de hierba? ese inmenso reino de la amistad.

Pero ya nada es igual, porque el teatro es la fotografía del alma, y aquí no hay teatro, por eso todo duele más… les viene a ser un traidor, un hombre de paja. Ni mirarle a los ojos ha podido su amigo en tal extrañeza, pero le acusan; y eso que ha sido el único que les defendió. Con ella un apenas –buenos días– que resonó a sucio, del peor tabaco.

Ya todo serán vísperas, juicio. Así es la condición humana y sus artimañas, que quema, falsea, cuando no nos gusta, faltando a todas las glorias.

¡San Judas será y es ya!, el que traicionó su sanedrín… jamás lo hubiera pensado de ellos dos, para estar otra vez donde empezaron –extraños-, sonando raro las decencias y obligaciones en tanta jaula.  

De haber sido mujer, como Gilda, esa Rita Hayworth de 1946 (otra Judas), hubiera sacado las uñas, temiendo sufrir de amnesia o algo parecido, haciendo frente a esos arrebatos de la fragilidad del bien, para no vivir en el vacío, porque necesitaría una razón para tantos pecados: ¡Con qué felicidad se echan fuera las emociones y se pone la gente a la defensiva!”. O el Glenn Ford de la misma: Por amor de Dios cada cosa a su tiempo”.

En fin, que ese Judas tendrá que ser un aventurero, como decía Gilda (Rita), con su amado mío (“yo podría ayudarte a recuperar esa práctica”), porque precisa de alguien verdadero a quien darle las buenas noches y que no haya más máscaras, dado que el odio (es casi odio) es una emoción muy intensa, y África queda lejos, o América, así como que no se pueden suprimir las emociones o cerrar una ventana sin más. ¡Pero basta ya de antifaces!

Sí, todo problema para alguien, es cualquier cosa, menos insólito. Sí, las emociones nublan el cerebro. Amor, toda una pluralidad de bienes y la vulnerabilidad de la vida humana ante la fortuna y la naturaleza de la amistad.

Qué silencioso es que no haya absolutamente nadie, ni esas buenas noches”.

Las cosas malas terminan en soledad hija mía”, un proceso natural difícil de detener (de otro grande entre los grandes, que firmaría cualquier idealista). Veredictos que no deciden nada en el día a día, luego Judas, le llaman Judas, como que desconocidos, siendo no más que un hombre solo al que no le gustan las miradas de derrota.  

11
Oct

Como que demasiado

Para vencer la jaqueca, ella emprendió su crucerito paradisíaco en busca de su hermana china lo menos, rebuscando sin que la báscula se le acentuase, hasta sintiéndose más joven y liviana en sus variados aspectos.

Huelga decir, que no encontró nada. Pero al menos, se evadió de las políticas de todos los días en las que los de la ejemplaridad no pueden con su propio hedor; los que buscan servir de remedio y atrezo andan de mal en peor; los de la regeneración moral se visten o desvisten (ni ellos mismos lo saben) de las mismas rutinas que los anteriores, diciendo sin decir; y aquellos que se erigieron como salvadores tomándonos por viejos idiotas, siguen sin tener más que su primera persona como enmienda única, ya ni sonrisas invitadoras. Cierto es, que el hastío es indescriptible, como que demasiado.

¡Y no me extraña!

7
Oct

Newsletter de Octubre de 2018

Para poder ver la newsletter pinche en el siguiente enlace: Newsletter Octubre 2018

4
Oct

Se han conjurado

Los hay que se mueven con un paso irregular; quienes no paran de dar atención a sus manos; las del pelo en la cabeza más oscuro y espeso que en ninguna otra parte; los que piensan que es correcto matar a cualquiera que ofenda a sus creencias; y, por supuesto, quienes al llegar del trabajo y saludar su mujer, comprenden que tienen que rejuvenecerla definiéndose con una sola palabra.

Todos… somos una fórmula de compromiso, solo que algunos ya se han conjurado en esa ley inmutable, extrañamente. No obstante, dicen que vale la pena asumir el riesgo por el potencial retorno. Las vidas ya son/están muy acorraladas; pero hay que cambiar mucho más, muchísimo más. 

1
Oct

La frágil moral

La cama en la que se duerme puede ser la misma, pero las vidas no, por más que el suelo cruja en los mismos lugares y las bisagras de las puertas expresen los mismos quejidos -vacilantes y precarios- en sus biorritmos. Creo que puedo decirlo sin temor a equivocarme, ni riéndome con picardía con un andar lleno de muy poca gracia.

Cuando me acosté, ya tenía sobre mí los murmullos constantes de voces altisonantes, y esas otras consideraciones de puertas adentro. No se puede vivir sitiado, llega un día en el que te enfrentas a las guerras o a las muertes, una de dos; las sonrisas cómplices no se pueden fingir ni interpretar siempre, y se siente la necesidad del desafío, pues el decoro también empuja a transgredir. ¿Entonces, protegemos a los malos de los buenos o a los buenos de los malos?, ¿lo que cuenta es lo que se dice o lo que se hace?

Pero cuando uno crece de espaldas a los convencionalismos y no se encaja en ninguna parte, ¿qué es lo uno y lo otro? Cuesta pasarse al nuevo mundo; y eso que hay días en los que se tiene tanta fuerza que se es capaz de enchufar el astro sol y alumbrar a los mundos, en otros, a los pocos pasos desistes, y al final de nuestra búsqueda llegamos justo donde comenzamos, con ese cuadro en blanco junto al que pretendías mudar de lugar, y no solo de vida y costumbres. 

No obstante, debemos ser amplios de miras, sensibles y albergar esperanzas, que ya es demasiado tarde para preguntar, la tierra quema y los párpados van pesando con las modernidades dudosas. Tal vez, haya una segunda oportunidad en esos lugares abandonados que no están tan lejos, pues la verdad histórica es lo que juzgamos que sucedió. Hay gente que sobrevive a cosas peores.

La frágil moral es como atropellarse a uno mismo para evitar un apretón de manos, porque somos animales: medio domesticados, medio salvajes. Y es innegable que las personas son distintas de cerca. Obedecemos únicamente a las habilidades que creemos tener.

 

28
Sep

Grecas y Lunares

Un niño traba amistad con seres fascinantes, y si es niña más todavía. Esas dos pequeñajas, Grecas y Lunares, ya están entre nosotros. Son ese viaje que asusta a la literatura infantil para mayores. Esgrimen todo tipo de argumentos, con sonrisas teatralmente dulces y esas cosas que sacan de quicio a su madre.

Sondean con avidez, hablan incansables, una de ellas, la otra espía. Entre tanto, sus animales, en un festín continuo. A quien los mirase le resultaría difícil imaginárselos capaces de hablar, si bien dan rienda suelta a su imaginación, con el trabajo de ella: Grecas. Alguien de aspecto infantil, alguien capaz de presumir de cualquier cosa menos de su cuerpo, como su hermana.

Prisioneras, prodigio, medio milagro, un puñal para esos padres… o simplemente alguien con ganas de vivir, son. Incluso antes de que nadie empiece a hablar. Pero hay un olor a orfandad, fruto de un encuentro fortuito, quizás.

¿Quién eres?, me preguntaría yo si las tuviera delante. Una con botas militares, la otra descalza, en esa alfombra tan suya, plaza de los inocentes.

Y como desconocido suspiraría, por tanta sombra de duda que dejan el par de dos, con la agonía y éxtasis de sus allegados y el castigo social de nuestra sociedad, que margina la realidad de nuestros propios conflictos. ¿A santo de qué las he inventado me pregunto?, ya no me las puedo quitar de encima. Hasta la acuso de poner su futuro en peligro, con lo bien que estaban en la alfombrita, con la inmensa Finnegan y su caparazón, el felino Guerneville, y los tres tenores de sus jilgueritos: Gianluca, Giambattista, Gianfrancesco.

 

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