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16
Ago

Un manifestante

Silencio y tensión fue lo único que se dijeron al conocerse. Náufragos sin isla. Él llevaba una poesía muy propia para el jardín, más no pudo pues rápido bebió liviano el veneno de sus piernas al verla remediar su propia historia, en silencio, solo silencio; con los olvidos compartidos, bajo ese arte de serle egoísta, guardándose y cerrando la boca.

De su propia ingravidez se quedó con la última nota que llevaba escrita en la boca: las modas son pasajeras, y la moda es eterna.

Del dolor y la razón no tuvo tal lámpara verde, sufrió de una primavera nórdica por ese exceso de buen tiempo junto a ella. Era hasta la Puerta del Mar. No la incomodó en su danza de realidad; se quedó prendado del enigma de la luz, que hasta a las simientes enterradas hizo despertar viendo tal marca de agua.

La lámpara extraña, título libertino.

10
Ago

Novelas donde saber perderse

Mi primera novela no fue el sueño más grande que tuve. Buscaba voces que me hablasen de la cotidianidad, sin que nadie me mirase por encima del hombro. Empecé con breves aproximaciones, más bien todo fue una especie de poder absoluto a modo de diario, que se repitió por tres veces: El libro de un cualquiera, Me columpio en el vacío y A las luces de abril.

Pero como no me podía leer, conformé de algún modo mis primeras novelas como tal. Fui uno y fui tres personas como poco. Tenía como oficio novelar y ser parte de la acción que se desarrollaba en mis letras.

Crucé océanos en tal involucración con El Chándal de la jubilación, Desconfianza Racional y Zanahorias para todos hasta concluir esa mi hoguera con un ejemplar denominado Desconfianza Racional. Otra vez hablaba de mí y conmigo.

Y como seguía pensando en lo que hacía viré a ese rol del Siempre hay algo que decir. Solo quería seguir la línea del tiempo.

Tiempo que me hizo ponerme en carne viva al publicar Buscadores de señales. Desde entonces las pausas ya no son lo mismo.

El verdadero valor del descanso apareció con Viento sobre el mar, eso sí que fue una mano tendida. Yo, como tantos, bebí el liviano veneno de haber nacido por primera vez hace tanto que ni siquiera lo sabía hasta que novelé tal silencio, solo silencio.

Para acabar náufrago sin isla en El Fin de la Infancia, que me deparó silencio y tensión. Es lo único en lo que me reconocía.

Lo mismo todas ellas, novelas, serán de las más vendidas. Tal vez hasta aquí pudiera considerarlo inicios, porque ni era el mejor ni el peor de los tiempos. León, brújula y armario fui con Dinero y mujeres, Billete de ida y Flores de plástico. Obras que no dejan de ser historias de dos ciudades bajo una misma piel, puesto que no quise dejar a nadie fuera, aun a sabiendas del peligro.

Todo un contagio global de sensaciones que necesité valorar mucho más lo nuestro, y pergeñé Las lágrimas de tu payaso. De tan pujante me sentí que entre lo real y lo ficticio derivé a Un cuadro en blanco.

Narraciones donde no había más ley que el movimiento, para quedarme en Deseos Humanos escandalosa y flagrantemente.

Y sigo con esas oscuras pasiones, sin aquel sueño grande. Todo el mundo tiene en su núcleo central una historia… quizás sea la actual: El día que llovió hacia arriba.

Jamás pudiera haberme imaginado tanto sin haber ido paso a paso, novela tras novela, siendo PEBELTOR. En todas ellas, los restos de uno y otro pueden entremezclarse.

Ni me arrepiento ni las destierro: son, soy, somos… Los niños aprenden cuando ven, los adultos cuando el castigo es efectivo, que no deja de ser el contrapunto adecuado con el realismo dominante en mis narraciones. Así pues, tienen donde saber perderse.

9
Ago

Ser escritor: Otro escritor equivocado, otro que escribe.

Ser escritor no sale espontáneamente, a pesar de que algunos tengan la mejor idea del Universo. No es mi caso. Ser escritor hoy, porque desde hace unos años lo soy (PEBELTOR), formalmente, y esos años no son tantos comparados con lo que la ciencia y las relaciones nos van indicando, es poder modificar la vida, porque nadie sabe qué ocurre cuando cierro la puerta de mi casa.

Unas veces tengo instantes decisivos, otros soy regio, están las alegorías de tiempos pasados, gente corriente, trifulcas, paraísos olvidados e ideas que no se matan, porque un escritor escribe. Sí, como escritor lo hago, aunque me estén picando un sinfín de escorpiones.

Y se hace, también, cuando te persiguen los inviernos o existe esa presión bien parecida a la que tienen las mujeres cuando no son madres y están en edad de merecer. Las letras son parte de esa mercancía defectuosa que uno puede llegar a sentir por sí mismo o por otros.

Son palabras que no mojan sino que enjugan, y son puñetazos. Hoy, ser escritor no es formar parte de una estipe, se ha popularizado tanto que no se sabe lo que es íntimamente vital, en ciertos casos; quizás, porque se ha desentendido la palabra del otro eslabón de la cadena: la lectura.

Decía que escribir modifica la vida, pero con los ojos en un punto perdido de cualquier calle u otro lugar, sueño o recoveco.

Es la lucidez de la locura, sentimientos.

La importancia social podría orientarse a rodearse de rutinas y hacer flotar los aires con mil giros, dando con las contorsiones que no nos desmerezcan, a, quienes somos escritores. O bien, enfocarlo en función de las ventas de los libros.

Brújulas, cifras, que son o debieran ser dinero y psicología, no obstante, el sesgo presente, el anclaje, la subjetividad es toda esa empatía que cada cual reúne la transforma en entusiasmo emocional, para sencillamente seguir escribiendo, porque un escritor escribe. Es la soledad del autor: volverse sombra.

Horas sumergidas que son vida y obra; así es PEBELTOR, donde se constata la perdurabilidad de todas esas cumbres borrascosas y las voces acaecidas de contralto, casi etéreas a veces, conformando esa balconada de cristal desde la cual relatar.

Es más, parece que llego a acostumbrarme a que todo sea un valor oculto. Uno aprende, y mucho, observando, diciendo, siendo… Y tal vez represente una parte no significativa de la capitalización de muchos, ahora bien, es un trabajo que no acaba en uno mismo. Es tal el incendio invisible que no hay suplicios, ni manuales para triunfar en las nuevas eras.

Como escritor, uno escribe las frases que suele decir la gente, lo que piensan, lo que sueñan, asomándose a los bordes del mundo.

La escritura es el hermano sin esperanza de la palabra, porque la pone en evidencia. Somos seres biológicos y tenemos afectos que se ponen en funcionamiento antes determinados estímulos, no nos engañemos.

9
Ago

Lluvia roja

No era gente de esas, de historias de alcobas, sí era un fanático a pesar de su temperamento filosófico. ´Lluvia roja´ era la palabra que usaba como seguridad. Eso bajaba los humos a cualquiera. Era maestro y mago, hasta que el rey se inclinó y los mató.

Fue su Venus, desde la sombra llameante; en ese hotel nómada, con su amor y los sentimientos desordenados. Nadie se quedaba con ganas en aquel lugar. Ellas colaboraban con el valor de ser mujer. No eran de tomar limonada o agua mineral, su poesía del pensamiento las obligaba a beber todo lo concentrado. Eran VIP: gramáticas de la creación… por tiempo limitado. Hambre y seda.

Más la fama y la bondad insensata de la vida secreta de esos edificios, sumado al manual de aquel dictador hizo que el destino de los caballeritos blancos ya fuera otro. Pero como si no fuera testigo todo se quedará en ese libro de los secretos, con sus fragancias y sus trampas. Un pesar de patria, pura extrañeza. Y fanatismo. ¡Está hecho! La herida es demasiado grande y nada. Resulta difícil probar que no sabía nada de cómo se gestó la maldita lluvia roja. Las víctimas siempre son las mismas, y se ciñen a la búsqueda compartida; mismos temperamentos, mismas filosofías… bajo dos banderas, dos escaleras. No hay más cárcel que los ojos vacíos: actos obscenos en lugares privados, también.

Cuentos, quedará en eso, para cualquier ladrón de recuerdos. ´Lluvia roja´, diría.

 

7
Ago

Newsletter de Agosto 2018

Para poder ver la newsletter pinche en el siguiente enlace: Newsletter Agosto 2018

4
Ago

Dicen… ¿la vida es cuestión de actitud?

https://www.pebeltor.com/buscadores-de-senales/

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