China y su entorno

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¿Qué es?

Una novela donde la historia cobra vida. La historia de todos, especialmente de China. Que no se resigna a un papel de reparto y quiere de nuevo ser la protagonista, como antaño: en milenios.

El orden subyacente del mundo es ese: el hecho de que no haya límites. Una singularidad espacio/temporal que nos conduce a Norteamérica y su breve historia del tiempo, dominándolo todo, incluso China ¿o no? Cuestión que se atestigua más no pueden hacer retroceder los relojes.

¿De quién trata?

La infinita variedad de formas femeninas que se procesan son partes de la indiferencia y el respeto. Tía Rose, Millie (su sobrina), la madre de ésta (Pauline), Lydia Bennet (pareja de Tía Rose), sí, lesbianas. Eliza Wilkinson y Cathy Lencioni (otras tantas); los perros Lew y Adelle, expertos en incendios y narcóticos, respectivamente, así como en morder el pelo y lamerse sus partes. La profesora de piano y su rifle. El genetista Atkinson Winslow. Archie. La esteticien polaca que no es solo eso, sino que además comanda una sección de corresponsales que cubren, nuestros otros días para esas centrales de inteligencia omnipresentes; engarzadas todas ellas.

Pero las hermanas Stapleton (Rose y Pauline) son mucho más que seres que asisten a campamentos de adoctrinamiento para preservar todo aquello para lo que fueron instruidas, robabas de sus padres muy niñas. El comandante Faulkner, el almirante O´Dell, el capitán Stern y sus lobos de Praga, Quirke, la brigada Anne y otros forman parte de esos genes, comisariados, del tipo Chang, que trabajan para todos y para nadie. Seres que han perdido sus vidas por la causa, o causas, inciertas muchas veces y archiconocidas en otras. Hambre de la misma hambre.

¿Qué se sabe del pueblo de los hunos? Aquellos que ni eran chinos ni mongoles o europeos. Pues están las tribus de los tungueses, los kitán, los MareNostrum, el prefecto Philip Wan Lung, y Jade, entre otros muchos, ensalzando o encubriendo el Azote de Dios (Atila y su espada). Etnias han, Huien, manchúes, mongoles y tantas otras que dan vida a Shaoran, Quin, Akame y todos los departamentos de salud pública habidos y por haber en la ancestral China terrenal.

¿Cuándo se desarrolla?

Durante los meses de junio a agosto de un dos mil diecinueve desabrido, en donde los resentimientos y las animosidades por la historia conculcan a conocer la otra Roma, la otra China, los otros días de los Atilas en un batiburrillo de simultaneidades y contradicción.  

¿Cómo se trabaja?

De manera muy distinta a las editoriales de los periódicos o revistas, quienes informarían de los hechos lo mejor posible y contarían la verdad a toda costa. ¡Y una mierda! Nunca juzgues un libro por las tapas, solo un tonto sufre la locura de otro tonto. Creatividad y transgresión.

Y que el sol empiece a declinar no es óbice para que haya expresiones de éxtasis, y esas otras, no bonitas ni guapas, sino bellas, bajo la frustración de no poseer plenamente el control de sus vidas, y que la verdad nos haga libres, en tal mural de nuestra historia reciente: la vida de otros. La retórica se deja para describir a los personajes, no sus vivencias, humanas en cualquier caso, por simétricas y extrañamente desajustadas que nos pudieran parecer, con el infinito a mano.

¿Dónde sucede?

De Annapolis (Marylan) la protagonista viaja a Washington D.C., con toda su opulencia, y no muy lejos de esa Norteamérica y de Nueva Inglaterra, cruza a Montreal (Canadá), para regresar e irse definitivamente. Entre tanto recuerda la enormidad de países en los que han estado, ella y su entorno. El mundo se les hace pequeño, más lo desconocen en parte. Es por ello que China, especialmente la más próxima a La Gran Muralla, por donde se descubrió el gran coso de miles y miles de obras en terracota fueron sacadas a la superficie, indaga, o lo intentan.  

¿Por qué?

Cuando dos personas se aman ninguna cama es demasiado pequeña. Sí. La mayoría cautelosa. Las personas estamos hechas para regresar, para volver allí donde creímos estar alguna vez; es algo recurrente en el libro, tanto como que las esclavas paren esclavas. Por supuesto, el tema del ADN está dentro de la afectividad y convivencia de los personajes, amurallados todos.

Pero ¿cómo iba a ser el rey ese tal Chang, u otros -gobiernos-, si el rey siguiera en su sitio? Ningún poder establecido está para que le quieran cuando quieran

¿Para qué?

¿Dónde queremos llegar? ¿Cómo llegamos hasta ahí? Son cuestiones huidizas e indefinibles, hasta que el resurgir de las especies palpita y se dan los ásperos sobresaltos; y entonces, ya nadie ulula, más bien, surgen las protecciones. Los gobiernos se toman las molestias de no hacer nunca caso a los restantes o a los otros, en una imitación cercana al desprecio y sus mecanismos.

Por los inocuos señuelos de las partes pudendas, de lo indistintamente conocido, de desgañitar la ciencia a guantazos en diplomáticos enfoques y marginación: una ciudad interrumpida.

¿Qué formato se aplica?

Se escribe en prosa, pues ni una buena acción se queda sin castigo. A lo largo de la obra se integran los tres textos, cuales palmeras salvajes: El libro de los hunos, Las ciudades bazar, y Nadie mejor para una canción lenta. Dando como resultado esa especie de cándida ignorancia y malsanas cavilaciones, en las más inverosímiles y peligrosas ocupaciones de todos los días.

Es un paseo por los distintos lugares del globo, con sordidez y extrema necesidad o desesperación. Una guerra entre iguales, también, con detalles desasosegantes y evocaciones místicas y paisajes difíciles de olvidar. Los actos carnales se tratan con frialdad, inmersos en ese caleidoscopio de haberse convertido casi todo en un parque de atracciones cultural y comercial; más la lealtad siempre será primero, y su tropel, con dedos cercenados.

Un carro, más bien muchos, uncidos al yunque de los caballos de tiro, ajustando la línea de presión y otros tantos miles de personajes de terracota aparecieron o fueron encontrados solapados a la historia reciente no hace tanto, coincidiendo con cafeterías, tiendas de periódicos, comestibles y fábricas en China. Pronto, muchos se acordaron de la historia, que no era tan diferente ni resuelta. Y hoy en día todos esos campos se ven con un aroma muy especial, de rivalidad también, por encuentros y batallas que se recrudecen.

Ello implica saber diferenciar los contactos, y lugares; pero todo es común. Annapolis (Maryland. EEUU); Montreal (Canadá); de nuevo los Estados Unidos, con Charlotte y esa Carolina del Norte; y muchísimos lugares y etnias, tanto como China, quienes, no haciendo más en su vida, en sus artimañas y halago: Los chinos han cultivado a lo largo del tiempo los valores de resistencia, valentía y paciencia para hacer frente a los diversos imprevistos de su historia reciente.

Tan poco premeditada fue esta labor de historiar un poco de esas partes del mundo que no pude salir de ella en todo el libro, una suma de experiencias, reconocidas o no. Las indivisas banderas, como si se fueran a caer a mis pies, me han hecho rehén, sin hacer ascos y con ese escozor intenso de convivir, que es lo que hacen todos esos personajes (especialmente la tía Rose y Millie, su sobrina) surcando ese primer tercio de creatividad, para luego ir cediendo el testigo la menor a su propia madre (una tal Pauline), que con su ADN y el de su hermana conducen la obra hacia esa China milenaria de la última parte, más honda, donde aparece un comisariado político en plan general: Chang. Capaz de copular en el aire si se lo propusiera, con desdén y cierto desprecio, incluso. Entre tanto, no se escamotea en esa conducción en los relatos de las Américas, fundamentalmente, vistas y no vistas, con sus Campamentos de Pesca y similares, porque hasta se trabaja la regeneración de especies y los amores imposibles, también dos perros: Lew y Adelle, experto cada cual en lo suyo. Comer, se come; sí, solo que nadie mejor para una canción lenta como la espía de Rose, referencia como su hermana, otra Stapleton, para esas garantías de futuro. Solo hay una cosa que no podrán hacer las hermanas: volar hacia atrás.

El libro se abre de inicio con las ciudades bazar de Norteamérica, Annapolis y Montreal, en una constante hospitalaria y mundanal; a la postre orilla otro tipo de vidas. Una cuestión base es El libro de los hunos, que viene a ser la batalla que Millie teje en sus últimos días. Un imperativo legal para muchos, donde a su modo lo da todo, con ese carácter de las que tienen una talla o dos menos que sus antecesoras, pero marcando muslo y distinguiéndose: aunque eligió morir sin ovaciones muy cerca de Washington D.C., donde residió a su fin en la transparencia del bien, llevando muy a rajatabla la historia de China.

¿Y por qué? Porque nunca es demasiado pronto y un hombre sin trabajo es horrible, es algo que se viene conociendo por todas las culturas y civilizaciones, tanto o más que un hombre pobre con una esposa rica ha de trabajar el doble que cualquier otro. Vaguedad ninguna de hablar de tanto y nada, miedo, quizás, más bien respeto por cómo de unido puede estar el mundo.

¿Dónde queremos llegar?, y ¿cómo llegamos hasta ahí?, empezaría preguntándome. Una editorial de un periódico, revista o titular moderno de Internet, diría haber informado de los hechos lo mejor posible y contando la verdad a toda costa. Como en todo, habría quien se lo creería: no se lo aconsejo. Cuando dos personas se aman ninguna cama es demasiado pequeña.

La China desatinada y epigonal sabe mejor que nadie que las esclavas paren esclavas, y que el hambre es siempre hambre.

Tía Rose
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La cárcel
Sonreír de ese modo
Tú eres mi regalo
Casi de otros
El desayuno
Al cuello del uniforme
Madre de Millie (Otra espía -Pauline-)
Tía Rose  (canadiense y mediterránea)
Lydia Bennet (pareja de Rose)
Eliza Wilkinson, Cathie Lencioni (empleadas)
Lew, Adelle (perros)
Virginia (Profesora de piano)
Atkinson Winslow (genetista)
Archie (conserje)
Esteticista polaca (Sophie)

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