No hacía tanto que se había marchado Don Lázaro, notario por las mañanas y cura por las tardes. Su sobrina dormía regularmente con él. Llevaba carteras de trabajo y asuntos sociales. Era de los pocos de la zona que sostenía que no se podía gobernar un país como una empresa, menos aún, la base militar en la que estaban. Jessica era así, de las de probar a vivir en su baja nobleza. Vivir era un detalle que a menudo olvidaban otras personas, no ella y su silla de ruedas. Los años que estuvo viviendo fuera de esa villa de los corrales, tal y como ella misma la conocía desde bien chica, no fueron mejores que los que le quedaban por vivir. Y ni el uno ni la otra tenían un discurso revanchista, simplemente, vivían.

Comienzo de la novela El sexo de las embarazadas (en curso)

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PEBELTOR (Unión de dos mundos)

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