Pedro Belmonte Tortosa

19
May

Dichosos ojos; de eso también estoy seguro

Nunca encontraron el hacha ni la encontrarán, señor juez. Menos aún la cabeza de la chica. Y no, no está en mi minihuerto… dichosos ojos. Todo terminó el día en el que aquellos dibujos acabaron por representar nuestras vidas.

Esto disipa las sospechas sobre mi padre, solo estaba borracho y un poco sentimental. No podía imaginar que acabaría ahogándose; las mejillas aún me arden de vergüenza.

Así es la naturaleza humana, ¿no?

Una chica delgada, morena. Solía vestir de negro. De eso también estoy seguro. 

12
May

Memoria de un día vacío: PEBELTOR

 

Los antiguos se morían y a los nuevos no los quería nadie. Resultaba difícil ordenar tantos demonios. Había regiones imaginarias en ese edificio y, todavía por la boca moría el pez. Juegos de guerra, en definitiva. Lecturas, aprendizaje y la ciencia de contar historias. Una de ellas versaba sobre el autorretrato de un piano ruso, y no sobre si Putin era o no un psicópata y el mundo estaba pagando lo que sufrió de niño. De enseñar masculinidad positiva tampoco. Estaban donde estaban. Había noches en las que solo quería morir. Lo que llamaban locura era una soledad atronadora. Vecinos, todos. Muchos.

Y estaba ella, la que sí sabía y tenía una extraordinaria vida corriente, muy alejada del lenguaje de la factura de la luz y esas otras maneras de vivir. Vivía. Aprovechaba su momento. Era todo un pájaro de carne en un mundo complejo en el que la gente quería respuestas sencillas. Mostrarse vulnerable ante el mundo no tenía ventajas. Había que hacerse con ello. Y no lo tenía fácil. Olía a muerto en su rellano. Alguien que tuvo una verdadera catarsis de dolor. Un mamarracho y soplagaitas que a los sin hogar los miraba, pero no los veía, y quien le hacía muy largos los días y muy largas las noches a la señorita.

Si bien, en psiquiatría no se había avanzado nada en el último medio siglo. Más la vida les era eso, y el mérito integrarlo todo. Ella lo consiguió. A ratos venía a ser una lechuza, en otros un antílope, una mujer, la niña que fue, etc. Era el juego de la vida. Ilimitada y salvaje. Fascinante. La hija ilegítima del vecino conquistaba como nadie ese edificio. Ella y sus lecturas, verdaderos contrapesos, necesarios para los malos tiempos. Correteando por los jardines y el palacio o campo de El día que llovió hacia arriba; El lenguaje del pasado; Flores de plástico; Zanahorias para todos; Siempre hay algo que decir, y tantas otras, notando como que le llamaba especialmente la última, la de El sexo de las embarazadas, que no iba de cómo evitaban los jóvenes rusos el servicio militar para no ser enviados a la guerra de Ucrania, pero que en algo se tocaba (y eso que la mitad de lo que se decía no se lo creerían todos), por cierto y verdad, y el gran miedo de quedarse en nada, pasando por la vida sin pena ni gloria. Otros aspectos prácticos de las negociaciones colectivas y de las personas, formándose y estando sin estar. Leyes de la ascensión en las que no todo era bonito, que había quienes podían tener dos cabezas, tres manos y dos corazones.

Al tiempo, los servicios secretos rusos podrían estar planeando deponer al verdadero Putin en plena guerra, según The Times. Y estaba Masha, el primer oso rescatado con éxito en Ucrania, que llegó temblando a su nuevo refugio en tal lugar gaditano: la Base Naval de Rota (donde se desarrollaba la obra El sexo de las embarazadas). Un oso que también votaría. Todo presuntamente, que nada se podía decir ni afirmar por la dificultad de lo militar. 

Nuestro mundo es un envoltorio.

Una cáscara delgada y fina.

PEBELTOR

5
May

La pareja de al lado

No sabían que estaba jugando con ellos, y no era de extrañar que estuvieran preocupados. Sabía hacerlo… la culpable de ahogar a sus cinco hijos.

No había mucho más que se pudiera decir, y eso que todavía tenia el teléfono pinchado, pero era poco probable que pudieran localizar la llamada: era analógica.

Podía permanecer de pie junto a la ventana mirando a cualquier jardín trasero durante un buen rato, la criada en un selecto centro privado femenino al noroeste de la ciudad.

Y aunque parecía tensa cuando mencionaban la cámara de video del teléfono, no se quejaba la que seguía poseyendo esa clase de belleza de instituto. Sí soltaba un suspiro, como si no supiera qué decir, e impostaba vergüenza y una mirada irónica.

Nadie podía igualarla. Ella misma había llamado a la policía. Y algo de un pijama les había comentado.

Desde que todo eso empezó apenas había comido. Ya le quedaba menos. Y a los otros, dos hombres que volvían a observarse mutuamente. Ella, no obstante, tenía que asegurarse de que todo el mundo apreciaba su importancia. En nada subiría las escaleras, cogería las llaves del coche y dejaría sobre la mesa el sobre… A la postre la policía pediría perdón, y no se le podría culpar porque muriera su abuela.

28
Abr

El diablo también fue un ángel

El diablo también fue un ángel aquella vez, no obstante:

-La función más noble es dormir cuando toca dormir -porque Friedman era un hombre de mundo, por vecino de la aniquilación que fuera-. Y arrópate, porque el hombre muere de frío, no de oscuridad -le precisó-, y tú has hecho lo que hacen los hombres: apostar y perder

Todos tenemos dentro el bien y el mal; el dinero como denominador común. Caer siete veces y levantarte ocho.

Lo tenía todo, y no tenía nada

Disponible en Amazon

PEBELTOR

21
Abr

No podían comprar el futuro

No podían comprar el futuro, no podían comprar el tipo de vida que querían. La nostalgia les era como otras enfermedades, les hacían sentirse fatal hasta que pasaba a otras personas.

No obstante, tan pronto se creían el emperador de París bajo el disfraz de un comerciante, que se veían pequeños para trabajar y hasta para poder mendigar.

¿De qué valían las líneas rojas? El mundo les era dispar hasta en los cuentos infantiles. Niñas y niños. Todos. El purgatorio del insomnio no les llevaba a contar ovejas irremediablemente. Todo en un mundo enmarañado, en el que se creaban cosméticos a partir de las cenizas de bosques quemados con la excusa de devolverles la vida.

Y con esas, deseo era la palabra. Lo que sentían las personas. Ese ardor que los años no apagaban. Todavía deseaban, y todavía sufrían la sensación de conocer a alguien que no quisieran que se fuera nunca. Vivían en un sinvivir, pero vivían, o lo intentaban, acorralados. Porque cada palabra destruía o edificaba, hería o curaba, maldecía o bendecía.

Todavía había casas y personas de esas, y casi que barrios aguantando la presión, retenidos, empequeñecidos y engrandecidos. Según se mirase había demasiada gente, en unos y en otros. Sencillos, aparentes.

Con perspectiva, es como si hubiera llovido y todo reflejase una vida limpia y tranquila, pero no había lluvia. Toda una bella ceremonia de ensayo de la muerte, homogeneizando a las personas, como si fueran robots y así evitar definir rasgos. La evolución esquinada. El negror de la claridad meridiana. Lo que fue la vida y seguiría siendo.

14
Abr

En un entorno quizás remoto, o no tanto

La abadía de Westminster, donde descansaban un buen número de monarcas de tiempos pasados, fue el lugar donde se reunió toda la familia real británica dominando la agenda pública. Y como un activo miembro de la familia real apareció el padre de Cynthia. Fue el auténtico protagonista, junto con la Reina Madre.

Los demás hijos y nietos de esta última pasaron a ser poco menos que sucedáneos, si es que alguna vez pintaron realmente algo, más allá de sus dislates.

Adolescente, princesa, reina. Ciento ocho años de la Reina Isabel II. En un mundo perfecto nunca se hubieran conocido, ella y su sucesora: Cynthia A. Denson (Isabel III).

Al tiempo, en los Estados Unidos, el tercer país más poblado del mundo, la densidad de población moderada se mantuvo. Los americanos supieron darle justo término a la máquina de hacer billetes, conteniendo esas peregrinaciones de sus vecinos del sur. Les financiaron inversiones según su naturaleza, según su elemento, según el sujeto que invertiría, según su riesgo, su gestión. No todas las deudas les eran malas.

Menos en Argentina y Brasil, crecieron sustancial y enormemente los estadounidenses. Fue otro de los imprevistos, o soluciones varias. Otros países buscaron su colchón financiero y fracasaron, eran los lugares donde las guerrillas urbanas tardaban en desaparecer; mayoritariamente fueron países de la extinta Unión Europea, que no aguantó el tipo años antes y se desintegró, no sirviendo ni para ser una buena idea con todas sus palabras.

Los veintisiete estados miembros (veintiocho cuando formó parte el Reino Unido) con realidades tan diferentes, clásicas y contradictorias, y cuya absoluta diversidad apenas supieron gestionar y subrayar su poder específico en el mundo, pasaron a ser meros actores de reparto, cosa que ya se veía venir de mucho antes con tantísimos juramentos de constancia, como con hambre atrasada, mucho ruido y pocas nueces.

Lo tenía todo, y no tenía nada

Disponible en Amazon

 

 

Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies. Más información

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies.

Cerrar