Libros del autor -su entrada-

3
Nov

Sopla levante, sopla poniente

https://www.pebeltor.com/viento-sobre-el-mar/

 

1
Oct

La frágil moral

La cama en la que se duerme puede ser la misma, pero las vidas no, por más que el suelo cruja en los mismos lugares y las bisagras de las puertas expresen los mismos quejidos -vacilantes y precarios- en sus biorritmos. Creo que puedo decirlo sin temor a equivocarme, ni riéndome con picardía con un andar lleno de muy poca gracia.

Cuando me acosté, ya tenía sobre mí los murmullos constantes de voces altisonantes, y esas otras consideraciones de puertas adentro. No se puede vivir sitiado, llega un día en el que te enfrentas a las guerras o a las muertes, una de dos; las sonrisas cómplices no se pueden fingir ni interpretar siempre, y se siente la necesidad del desafío, pues el decoro también empuja a transgredir. ¿Entonces, protegemos a los malos de los buenos o a los buenos de los malos?, ¿lo que cuenta es lo que se dice o lo que se hace?

Pero cuando uno crece de espaldas a los convencionalismos y no se encaja en ninguna parte, ¿qué es lo uno y lo otro? Cuesta pasarse al nuevo mundo; y eso que hay días en los que se tiene tanta fuerza que se es capaz de enchufar el astro sol y alumbrar a los mundos, en otros, a los pocos pasos desistes, y al final de nuestra búsqueda llegamos justo donde comenzamos, con ese cuadro en blanco junto al que pretendías mudar de lugar, y no solo de vida y costumbres. 

No obstante, debemos ser amplios de miras, sensibles y albergar esperanzas, que ya es demasiado tarde para preguntar, la tierra quema y los párpados van pesando con las modernidades dudosas. Tal vez, haya una segunda oportunidad en esos lugares abandonados que no están tan lejos, pues la verdad histórica es lo que juzgamos que sucedió. Hay gente que sobrevive a cosas peores.

La frágil moral es como atropellarse a uno mismo para evitar un apretón de manos, porque somos animales: medio domesticados, medio salvajes. Y es innegable que las personas son distintas de cerca. Obedecemos únicamente a las habilidades que creemos tener.

 

28
Sep

Grecas y Lunares

Un niño traba amistad con seres fascinantes, y si es niña más todavía. Esas dos pequeñajas, Grecas y Lunares, ya están entre nosotros. Son ese viaje que asusta a la literatura infantil para mayores. Esgrimen todo tipo de argumentos, con sonrisas teatralmente dulces y esas cosas que sacan de quicio a su madre.

Sondean con avidez, hablan incansables, una de ellas, la otra espía. Entre tanto, sus animales, en un festín continuo. A quien los mirase le resultaría difícil imaginárselos capaces de hablar, si bien dan rienda suelta a su imaginación, con el trabajo de ella: Grecas. Alguien de aspecto infantil, alguien capaz de presumir de cualquier cosa menos de su cuerpo, como su hermana.

Prisioneras, prodigio, medio milagro, un puñal para esos padres… o simplemente alguien con ganas de vivir, son. Incluso antes de que nadie empiece a hablar. Pero hay un olor a orfandad, fruto de un encuentro fortuito, quizás.

¿Quién eres?, me preguntaría yo si las tuviera delante. Una con botas militares, la otra descalza, en esa alfombra tan suya, plaza de los inocentes.

Y como desconocido suspiraría, por tanta sombra de duda que dejan el par de dos, con la agonía y éxtasis de sus allegados y el castigo social de nuestra sociedad, que margina la realidad de nuestros propios conflictos. ¿A santo de qué las he inventado me pregunto?, ya no me las puedo quitar de encima. Hasta la acuso de poner su futuro en peligro, con lo bien que estaban en la alfombrita, con la inmensa Finnegan y su caparazón, el felino Guerneville, y los tres tenores de sus jilgueritos: Gianluca, Giambattista, Gianfrancesco.

 

27
Sep

El día que llovió hacia arriba

¿Se pueden gobernar las leyes secretas del azar?, ¿y los hechizos del corazón?… no sé, siempre queda el mañana; el mañana de los niños que se hacen mayores y llegan a la edad juvenil, su primera frontera conocida. Para la cual se precisan normas, sin ellas ¿hasta qué punto podríamos ocultar un secreto?, ¿ni un solo momento?

Dejar de ser niño es esa corona negra del día del mañana, cuando el sol ya no parece el astro sol, por estar demasiado cerca de todo. Es como escuchar música con subtítulos, que no es lo mismo. Además, si nos roban nuestra cultura, la humanidad de esos chavales difiere, y mucho. Neruda lo hubiera dicho con su prosa de las buenas reconquistas: si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.

Todo, porque los humanos son los únicos seres vivos que no tienen suficiente con ellos mismos, y hasta un lobo se cansa de aullar a su propia luna, con el calendario abierto de par en par. En cualquier caso, siempre nos quedarán las mañanas con sus miradas cuando ya no hay amor:

Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida?- se ayudó, y mucho, de las manos. –Un frenesí. ¿Qué es la vida?– incidió. –Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: – la miró de todas, todas. –que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Luego se habla de esos ojos de hiel que brillan en la nueva niñez. Pero eso es también soñar, y obligarse a compartir, como en El día que llovió hacia arriba donde se podría decir que la sustancia invisible de los cielos hizo el resto. 

 

 

3
Sep

Muestra La Francotiradora de su Tía

La Francotiradora de su Tía (muestra)

PDF (de la Muestra), más detalles

muestra-la-francotiradora-de-su-tia

21
Jul

Cuerpo consciente en movimiento: Viento sobre el mar

Era un problema de solución imposible. Y a veces las caras lo decían todo. Es por eso, que había más: una mujer. Fue y es nieve de verano, una mentira piadosa, y el duelo por un consuelo forzoso: nos buscamos mutuamente. Todos sus nombres los repito a cada segundo. No es ese mi trabajo, pero lo hago. Muchas veces, las personas, como los animales de un zoo, no saben que van a extinguirse.

Y para eso me dejo la piel, se ha ganado su derecho. Sabe que hay lugares, miradas, que son viento sobre el mar. Además, primero sentí lluvia en los zapatos; no sabía qué decir. Parecía que mis recuerdos eran suyos, como con la estrella que se alzaba en el cielo, inalterable por el tiempo, inmune a la muerte. Ese era el problema.

Si quieres algo de la vida, necesitas no tener miedo, pero uno… no siempre se acostumbra a cómo son las cosas. Es la mitad de la batalla. Eso me curó el juicio como escritor, más mis actos no fueron del todo silenciosos: era una mentira piadosa. Le dije que podía irse a casa.

Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies. Más información

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies.

Cerrar