Dicen que somos una sociedad en la que se ha perdido la experiencia del llanto. Llanto como algo necesario y reparador, no como elemento vulgar y soez para captar la atención y seguir desmereciendo a los restantes.

Antiguamente, sí era algo notable y casi que enriquecedor (además de estremecedor) ese amor constante más allá de la muerte. Francisco de Quevedo supo expresarlo en verso:

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

Y pareciera que no mirar a los ojos de la gente ha dejado de ser una falta de respeto pasando a ser algo más que una moda. Al igual que despedirse educada y sentidamente. Queda antiguo aquello del “saludos cordiales”, y muy de mayor, o serio y distante. Desearse “salud” pudiera tener un componente político para quienes buscan más allá de lo usual y conciliador del término. Darse un “beso” puede llevarte a la cárcel o lo que es peor, quedarte fuera (en el mundo libre en el que vivimos) y ser estigmatizado. Pero llorar, lo que es llorar, no tiene encaje. Se ha olvidado, o lo hemos denostado.

Siendo un adolescente, y estando ya bien crecido, mi timidez y ese cabreo que tenía con todo lo existente me empobrecía de más con un comportamiento que rayaba lo introvertido si no me encontraba en un ambiente favorable o no se sabe qué. Eso era fruto de mi desconocimiento, y porque mi personalidad aún no estaba forjada. También de la educación y el entorno, en el que muchas veces por querer o pretender algo se conseguía todo lo contrario. Pero no culpo a nadie de aquello, uno es lo que tiene que ser pasado un tiempo.  

En cambio, y ya como escritor, se observan los saludos, las despedidas y todos esos atajos invisibles entre la realidad, la ficción, la historia y los mitos y se incide más si cabe en la experiencia del llanto olvidado. Escribir no es dejar la mente en blanco, es la misma miseria moral, económica y vital que vivir, por eso mismo uno nunca debería curarse de sus pasiones ni renegar de lo que ha sido. Escribir es como el pan negro. Algo que unos lo toman como si fuera blanco, y otros que ni se atreven a tocarlo. A todos: polvo serán, mas polvo enamorado.

Y vivir te hace “no olvidar” que en el mundo existen hoy en día más de treinta conflictos de alta intensidad, además de otros muchos, cientos, con igual fin. Vivir en sí mismo es un conflicto social, un fenómeno motor, una reacción… Cuesta creer que sumando experiencias perdamos el llanto como algo necesario y reparador. ¿Qué tendrá nuestra educación que algo o mucho falla, o falló? ¿Acaso no leímos, o nos leyeron, suficientes cuentos o historietas de niños… y de mayores?

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